Astro en la vida real: mi experiencia yendo a terapia

“There is a crack in everything,
that's how the light gets in”
Leonard Cohen

 

Reconocer que algo no está bien dentro de ti no es tan fácil como se lee. Los humanos somos expertos en culpar a la otredad, omitiendo así nuestra cuota de responsabilidad en todo. ¿Te ha pasado que las personas/circunstancias cambian, pero las situaciones/historias se repiten en tu vida?

 

¿Quién está al mando de esa repetidora?

 

Ajá...

Sin más preámbulo, voy a contarte cómo fue mi proceso de cambio a través de la terapia -psicoanálisis en mi caso-, pero también quiero ayudarte con mi anécdota por si estás planteándote iniciarla o considerando retomarla.

 

Un San Valentín “lacaniano”

En una madrugada de insomnio y profunda tristeza, a solas en mi cuarto y con los ojos desorbitados, caía en cuenta de que estaba en un punto de quiebre en mi vida: no me gustaba nada de lo que estaba manifestando en mi realidad.

 

Por más libros de autoayuda que leía, estudiaba astrología, salía los fines de semana, conectaba con personas, hacía yoga y meditaba con inciensos y playlist de cuencos, dentro de mí permanecía un vacío inexplicable que no se llenaba con nada y una voz interna pidiendo a gritos que diera, al fin, el golpe del timón… pues no me gustaba hacia donde iba mi barco.

 

Comprendí que tenía que cambiar, comprendí también que no podía sola y que necesitaba ayuda. Me abrí a recibirla. Todo empezó el 14 de febrero de 2018 (sí, el día de los enamorados más atípico ever) cuando asistí a mi primera sesión de psicoanálisis.  

 

Me senté frente a mi analista y me encontré con un hombre contemporáneo a mí, en silencio, que me observaba fijamente. No me preguntó nada. Yo empecé a hablar de un tema de mi adultez y terminé, ahogada en llanto, hablando de heridas de mi infancia que no había atendido.

 

Para hacer el cuento corto, inicié terapia porque, por más teoría que leía, en la práctica seguía tomando malas decisiones y malos amores, drenándome en situaciones y personas que -sinceramente- no valían la pena. Tenía un afán por querer “sanar” a los otros, sin darme cuenta de que quien necesitaba sanar por dentro y urgentemente, era yo.

 

Si pudiera resumirlo en una catchphrase, el psicoanálisis es un gran darse cuenta. Echarse en un diván a hablar cuanta cosa pase por tu mente, descubrir cómo es tu diálogo interno, indagar en tu mundo onírico, revisar en lo más profundo de tu ser y revelar luz de la oscuridad al tener a tu analista como un gran espejo, que te va devolviendo lo que dices y te ayuda a atar esos “cabos sueltos” (lo cual es doloroso, maravilloso y liberador al mismo tiempo).

 

Fueron meses intensos durante la terapia psicoanalítica, en todo el sentido de la palabra. Avanzaba, recaía y lo volvía a intentar. En aquel entonces, Júpiter se paseaba por mi stellium en Escorpio (Sol, Marte, Mercurio, Plutón, Lilith y pare usted de contar), estaba viviendo mi retorno nodal inverso, transitando mi retorno de Saturno y experimentaba uno de los cambios internos más fuertes y expansivos de mi vida que, por supuesto, se exteriorizó.

 

A finales de 2018 decidí darle una pausa al diván al darme cuenta de que mi “motivo de consulta” ya se había transformado y que, finalmente, me había movido de lugar (real y emocional), pues mi vida había dado un giro de 180 grados desde entonces.

 

The bigger picture

Tras casi un año de tener dos sesiones de psicoanálisis por semana, puedo ver mis avances en el proceso: logré cortar apegos, soltar vicios, cuestionarme, fallarme, perdonarme, reinventarme, honrar mi deseo, manifestar una relación consciente junto a un hombre Escorpio maravilloso (quien, casualmente, cumple un día antes de mí), mudarnos juntos a Buenos Aires, vivir desde el amor, tomarme las cosas con más calma…, pero por sobre todas las cosas: escucharme.
Así que si estás afrontando una situación dolorosa en tu vida o consideras que debes darte una pausa, cambiar tu perspectiva, soltar el rol de víctima y manifestar una mejor realidad al asumir responsabilidad y conectar mejor contigo mismo, no dudes en intentar con la terapia adecuada para ti. Creo profundamente en la resiliencia, pero también que no todo el tiempo podemos con todo, pues es de sabios pedir ayuda cuando tu alma lo necesita. Date ese regalo y transfórmate en el proceso.

 

Colaboradora: Betsabé Zamora. Copywriter en www.miastral.com