Astrología en la vida real: junio y la razón del deseo

Por Christian Llano 

Cada vez que llega junio, es inevitable remontarme a la tarde en la que le salí del closet con mi mamá. Esa tarde le rompí el corazón, pero para mí fue mi mayor momento de liberación. Fue ahí cuando aprendí que para llegar a ser intensamente feliz, tenía que acabar con el deseo de satisfacer a [email protected] demás, de vivir la felicidad de [email protected] [email protected] y empezar a desear satisfacerme a mí, a mi vida. 

Cada vez que llega el mes del Gay Pride es ineludible reevaluar mi posición en este planeta y los avances que yo, como hombre gay, he hecho para dejar de buscar la felicidad basada en la validación externa. Si pienso en lo ingenuo que era a los 16 años cuando decidí liberarme de mi secreto (nunca debió serlo), recuerdo que mi felicidad dependía de querer agradarle a mi entorno y encajar, en cómo [email protected] demás me percibían, y cómo solté todo eso para aceptar mi amor propio. Año tras año, sin quererlo, veo como mi deseo más grande es vivir mi propia verdad. Cada año veo cómo la narrativa cambia, gana más criterio, y se convierte en mi narrativa. Y es ese el cambio fundamental en la razón que me impulsa a conectar con la claridad del verdadero propósito de mi existencia, ya no es el deseo de aceptación el que me domina, sino el deseo de ser auténticamente yo. 

Durante este mes, cada año, me replanteo los avances que la comunidad LGBTI+ ha tenido en el mundo, y es triste aceptar cómo nuestros derechos se ven cada vez más vulnerados; cómo organizaciones y gobiernos ultraconservadores toman más fuerza y se movilizan para evitar la igualdad. Es latente y evidente que se está promoviendo la discriminación y es por eso que tenemos el deber, como sociedad y comunidad de rescatar nuestra esencia, y así aprender a reconocer nuestro valor como seres humanos. 

Cada Pride Month me recuerda la importancia de dejar fluir quien soy con orgullo, ya que es esa fluidez la que me permite entender que yo creo en mí, vivo en mí, por mí y para mí. Esa fluidez es la que me permite ver que vivo mi deseo: el de ser libre. Es esa fluidez, que cuando va de la mano de la vulnerabilidad y sensibilidad (femenina si quieren), es la que indiscutiblemente me ayuda a mantenerme sintonizado con mi valor como ser humano. Cada quien expresa su sensibilidad como quiere, en los niveles que le parezca, pero es comprender la importancia de esa energía (y de cómo canalizarla) lo que se requiere para conectar con el deseo, ese que es tan propio y único. Y es así, cuando me enlazo con mi deseo, que también aprendo la importancia de mejorar mi diálogo interno. Escucharnos es la clave para reforzar nuestro valor, y es por eso que esta fecha me recuerda la importancia de respetarme. Sí, a mí, de hablarme bien y de ser mi mejor aliado. Aprendo que pacientemente tengo que seguir cambiando el deseo de agradarle a los demás, y cambiar por el deseo de conectar intensamente conmigo. 

Es inevitable romper algunos corazones en el camino, pero el único corazón que jamás debemos lastimar es el propio, porque cuando lo cuidamos y respetamos es cuando empezamos a brillar con luz propia, y cuando esa luz propia se une al deseo consciente de vivir con un propósito claro; es cuando resurgimos y brillamos tan fuerte como Venus, la estrella de la mañana.