Salud mental: incorporando nuestras sombras. Entrevista a la psicóloga Sineth Melinkoff

Todos tenemos aspectos de sombra y generadores de conflicto en nuestro interior, lo importante es aprender a incorporarlos en nuestra comprensión para lograr un equilibrio emocional, físico y mental.

 

Esta es la premisa central de la conversación que tuve con Sineth Melinkoff, psicólogo clínico con experiencia internacional, conocimientos en psicoterapia online y Coach certificada por la ICF, dentro del marco del Día mundial de la salud mental (10 OCT).

 

 

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¿Cómo defines la salud mental y cómo incide en nuestro día a día?

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La salud mental ha sido definida por la OMS como un estado de bienestar físico, mental y social y no es solo la ausencia de enfermedades. Partiendo de este concepto, que es el más ampliamente utilizado, pudiéramos decir que la salud mental es un estado adecuado de equilibrio en el sujeto, lo cual le permite obtener bienestar en su cotidianidad. Sin embargo, considero que todos los individuos tenemos aspectos sombra, aspectos no elaborados, aspectos generadores de conflicto. En la medida en que los individuos somos capaces de incorporar estos elementos a nuestra comprensión y aprender a funcionar con ellos, mayor estado de bienestar y por ende de salud mental tendremos, aunque esto no sea cuantificable.

La salud mental no es un concepto categórico, es más bien dimensional, los individuos cambiamos a lo largo del tiempo, a lo largo del día a día y en la medida que vamos atravesando diferentes experiencias. La cantidad de recursos con los que contamos para lidiar con esto es parte fundamental del entendimiento de lo que nos lleva a ser saludables mentalmente. Ahora, éste es un concepto que como construcción socio-cultural tiene distintas formas de entenderse, en función del lugar donde sea evaluado un sujeto o un sistema. Mi comprensión del tema es fundamentalmente occidental.

P

Actualmente, ¿cuáles son los padecimientos psicológicos más frecuentes/comunes en la sociedad?

R

La incidencia de enfermedades mentales va cambiando con los tiempos, y este dato apoya la idea de cuán determinados estamos por la coyuntura política, social, económica y cultural en la que vivimos. Así como en la época victoriana los mayores padecimientos en términos de trastornos de personalidad eran producto de la represión sexual, materializándose en estados de histeria de aparición frecuente en las clínicas y consultorios, manifestándose en su estado más grave como la histeria catatónica, hoy en día los padecimientos responden a otro tipo de presiones y construcciones culturales. La globalización, la alta presión económica, el cambio de la concepción de individuo, entre otros, ha devenido en mayor aparición de estados depresivos y ansiosos. Los trastornos de personalidad más frecuentes son propios de estados primitivos de desarrollo como los narcisistas, trastornos borderline de personalidad, donde la queja del individuo es una vivencia de vacío interior enorme. También vemos psicopatías dentro y, sobretodo, fuera del consultorio, lo cual se caracteriza fundamentalmente por ausencia de empatía y culpa. Igualmente hay un aumento en la aparición de la esquizofrenia dentro de los espectros psicóticos y trastornos bipolares en el espectro afectivo.

En 20 años de experiencia, me he cruzado sólo con dos histerias tipo victoriana, ahora sí, muy frecuentemente individuos deprimidos y/o ansiosos. Si partimos de los datos publicados por la OMS “al menos 322 millones de personas en el mundo sufren depresión, un 18% más que hace una década, y otros 264 millones padecen trastornos de ansiedad, un incremento del 15% respecto a hace diez años”. Esta cifra es alarmante. Y a esto podemos incluir, en la infancia, diagnósticos dentro del espectro autista y déficit de atención con o sin hiperactividad. Ahora, los padecimientos de la sociedad deben diferenciarse de los padecimientos del individuo. Las sociedades se comportan como un individuo con características propias dignas de ser analizadas por expertos. Así como los padecimientos de los individuos deben diferenciarse de los padecimientos sistémicos, muy propios, por ejemplo, de las corporaciones. En mi trabajo de consultoría suelo ver -con frecuencia- padecimientos psicológicos generados por los sistemas y subsistemas que se forman en los ambientes laborales, dignos de análisis y atención.

P

¿Cuáles son las principales causas de estos los padecimientos más comunes?, ¿qué los detona?

R

Determinar la causa exacta es un ejercicio sumamente complejo, ya que de entrada el origen es multifactorial. Cuando realizamos una evaluación de un paciente, siguiendo las categorías diagnósticas freudianas, debemos mirar aspectos genéticos (antecedentes familiares), biológicos, padecimientos físicos del momento, historia infantil, factores de estrés al momento de la entrevista… En fin, hacer un análisis completo del individuo. Sin embargo, quisiera apuntar dos elementos partiendo de la salud mental como construcción socio-cultural: hay factores actuales que podrían determinar la alta incidencia de depresión y ansiedad, el primero está representado en las nuevas formas de configuración de la familia. Actualmente la mayoría de las familias, refiriéndome a los países occidentales, tienen dos padres, si no se han divorciado (la tasa de divorcio actualmente está alrededor del 60%), que trabajan largas jornadas laborales, llegan a casa cansados, llenos de presiones económicas y exigencias, y estos padres tienen poco espacio, motivación y ánimo para comunicarse con sus hijos. Veo con muchísima frecuencia en consulta padres que no hablan con sus hijos, que no juegan, dejan la crianza al colegio, y no porque sean malos padres, seguro son padres amorosos y responsables que aman a sus hijos, pero están demasiado ocupados.

A eso sumemos la presión escolar y laboral, las sociedades actuales son altamente competitivas, el mensaje y la necesidad de ser productivos está en todos lados y es una vivencia que se tiene desde muy temprana edad, convirtiéndose en un generador de estrés enorme. Ese sería el segundo elemento. Y a eso agreguemos cómo las sociedades cada vez van más rápido; a los individuos no les da tiempo de estar consigo mismos, de conectarse con su mundo interior, estamos todo el tiempo mirando hacia el afuera y pendientes de cómo lucimos para que otros nos vean. Aquí las redes sociales entran en juego. Los individuos hemos perdido la capacidad de contemplar, de aburrirnos y eso nos hace sumamente vulnerables al entorno. También quisiera hacer mención al cambio de alimentación: el aumento del uso de comida rápida, azúcares, alimentos procesados, también producto de la velocidad del día a día, está asociada con el incremento en la aparición de diagnósticos dentro del espectro autista, así como los déficits de atención.

P

¿Podrías mencionar los síntomas actuales más evidentes de una persona con problemas de salud mental?

R

Esto dependería del diagnóstico, es importante ser muy claros en que -desde mi concepción- no existen enfermedades mentales, sino enfermos mentales. Cada enfermedad mental se comporta de manera diferente según la persona que la padece. Además, podemos tener una persona con criterios para diagnosticar una depresión y sus defensas lo lleva a lucir exaltado, por ejemplo, aquí veríamos algo que llamamos equivalentes depresivos. Ahora, si queremos listar algunos síntomas, destaca para la depresión: tristeza, ideas de muerte, abulia (falta de voluntad), cambios en el sueño y el apetito, descuido personal, entre otros. El diagnóstico de depresión es complejo y es necesario que un especialista estudie el caso antes de que las personas se autodenominen deprimidas o depresivas, o peor aún, se automediquen.

Es alarmante ver cómo el exceso de información no exacta, en ocasiones, lleva al individuo a colocarse en una categoría que termina generando mayores padecimientos. Para los trastornos ansiosos resalta la inquietud, preocupación, temor, inseguridad, sudoración, inquietud psicomotora. Es muy común observar hoy día a personas que te dicen “siento como algo adentro que me inquieta”, sin que puedan determinar ni un factor desencadenante ni razones para ello.

P

¿Y los síntomas menos evidentes?

R

Respecto a la depresión, como ya mencioné, es importante saber que hay equivalentes depresivos, por ejemplo, es común en los niños y los adolescentes que tienen depresión estén irritados y agresivos, más que tristes. Creo que cualquier persona que no se sienta en equilibrio y en plena capacidad de usar sus recursos en un momento dado debe buscar ayuda. Otros padecimientos por considerar son los síntomas psicosomáticos, muchas veces mal diagnosticados. Alergias, dolores estomacales, dolores de cabeza, dermatitis, gastritis entre otros, sin causa orgánica aparente, deben ser una alerta.

P

¿Dirías que la ansiedad y el estrés son problemas en auge en nuestra sociedad?

R

Absolutamente sí. La ansiedad es el diagnóstico número dos de mayor aparición hoy en día. Ha tenido un incremento de casi 15 % con respecto al 2005, según la OMS. La sensación de pérdida de control para nosotros, que hemos sido criados para tener control, que se experimenta en situaciones problemáticas como pérdida del trabajo, pérdida de la pareja, enfermedad, muerte (siendo estos los mayores duelos registrados hoy) son potenciales generadores de estados de ansiedad, además de la presión cotidiana que también actúa como estresor.

Quiero aprovechar para destacar que considero, igualmente, que hay que ser muy cuidadosos, ya que la incidencia de estos padecimientos y su cuantificación también se ve afectada porque hoy en día se cuentan con mayores recursos diagnósticos, las personas tenemos mayor consciencia, aceptación e información con respecto a los padecimientos mentales y esto redunda en mayor consulta a los especialistas. Además, la ida al psicólogo y psiquiatra se ha despenalizado y ha dejado de ser, en parte, un tabú. Las personas con padecimientos mentales antes solían ser más ignoradas o simplemente manejadas en casa por el médico de la familia o, en el peor de los casos, por la iglesia. El mayor conocimiento ha llevado a un mejor registro de lo que ocurre hoy en día. Igualmente, el auge de la industria farmacéutica ha generado en algunos padecimientos, desde mi perspectiva, un sobre-diagnóstico que justifica el uso de la medicación en casos que pudiera evitarse, esto es muy común en los casos de déficit de atención, por ejemplo. El resultado es que se inflan las estadísticas.

P

El uso de las redes sociales y el constante acceso a notificaciones, mensajes de texto y/o correos electrónicos, ¿podrían ser causantes de algunas enfermedades de salud mental o incidir en el empeoramiento de un paciente? En caso de ser afirmativo, ¿podrías explicarnos la razón?

R

No creo que sea una respuesta fácil. Sin ninguna duda, el uso de las redes sociales está marcando nuestra sociedad y la forma como nuestros hijos, niños y adolescentes se están desarrollando psíquicamente, pero cabría preguntarse si se podría decir lo mismo con la aparición, en su momento, de las máquinas industriales que sustituyeron la mano de obra humana, de la radio, la televisión. El hecho de que las redes sociales sean masivas tiene aspectos positivos y negativos, creo que el problema no son las redes sociales per sé, creo que es el uso de ellos. De nuevo, vuelco mi mirada en los padres: la posibilidad de colocar límites a nuestros hijos en el uso, y de ayudarlos a metabolizar la información, a qué y cuánto se exponen es fundamental.

Las redes sociales son una fuente de información infinita, que bien utilizada puede aportar mucho al desarrollo de los individuos. Ahora, el uso de éstas -sobre todo por parte de los niños y adolescentes- para calmar ansiedades, aburrimientos o simplemente para mantener al niño o adolescente ocupado, genera que estos se desarrollen sin posibilidad de mirarse a sí mismos, de probar sus recursos, con demasiada presión para llegar a un ideal que es ficticio. En ese sentido, creo que debemos rescatar el aburrimiento como posibilidad del uso de los recursos en la crianza.

P

En la adolescencia y los primeros años de la edad adulta se producen muchos cambios: cambio de colegio o de hogar, entrada en la universidad o en el mundo laboral, lo cual, según la OMS, puede ser causa de estrés o aprensión que, en algunos casos, pudieran derivar en enfermedades mentales. ¿Qué recomiendas hacer para evitar llegar a este punto?

R

Los cambios son lo único seguro que tenemos en el devenir de nuestra vida. Absolutamente todo cambia todo el tiempo, y nuestra sociedad, que está en constante transición, aún es prejuiciosa, desde mi perspectiva, a la noción de cambio. Estamos buscando constantemente la estabilidad y la seguridad manteniendo un trabajo, una pareja, un estatus, cuando la verdad el foco debe estar puesto en la posibilidad de mantenernos conscientes de nuestro mundo interior para poder contar con los recursos para asumir cualquier cambio que venga. Claro que cualquier cambio es un generador de estrés. Ahora bien, el estrés no siempre es negativo, éste puede ser positivo y constituir un motor de búsqueda, de mejora. Mis recomendaciones son simples: mantener la comunicación con nuestros hijos es fundamental, enseñarles a tener consciencia de lo que les ocurre, mostrarles que el ideal es sólo una construcción y que deben aceptarse como son, con lo positivo y lo negativo, aprender a integrar esos aspectos en la mirada que tienen de sí mismos, acompañarlos a metabolizar cada circunstancia que les toca. Como verán, vuelvo a las funciones parentales como agentes preventivos.

P

¿Son las futuras generaciones más propensas a alguna enfermedad mental ante la influencia de las redes sociales y apego a las nuevas tecnologías, o dichas enfermedades siempre han existido? En caso de que sí, ¿qué cuidados fundamentales recomendarías a estas generaciones?

R

La OMS calcula que la enfermedad de mayor auge para el 2030 será la depresión, con su correlato aumento del suicidio. Los cambios en las incidencias de las patologías mentales son lentos. A mi parecer la tendencia se va a mantener. Si bien estos padecimientos siempre han existido, es cierto el incremento, aunque no dejemos de considerar -como dije anteriormente- la mayor posibilidad diagnóstica con la que contamos actualmente. Siempre he pensado cuando se tocan temas tan delicados como el de las drogas -que el tema no es desaparecer las drogas-, lo cual históricamente ha sido una tarea harto difícil (ellas siempre han estado presentes, desde los griegos hasta hoy hay registro de consumo de drogas), el punto es enseñar a nuestros hijos qué hacer con la realidad que tienen en frente y cómo manejarse con ella. La lucha no es contra las redes sociales, la lucha es la función que se les da a las mismas. Insisto en que la comunicación es una herramienta fundamental: escuchar a nuestros hijos y meternos en su mundo, escuchar lo que oyen, lo que les gusta, cómo lo ven, hacerles preguntas.

Los padres no solemos conversar con nuestros hijos si no dar lecciones interminables. Veo con frecuencia en consulta cuando pregunto a los padres sobre el significado que tienen para sus hijos con tal o cual cosa, que se quedan callados sin tener idea. Debemos darnos el chance y tomarnos el tiempo para escuchar a nuestros hijos y ver cómo están entendiendo el mundo, sin juzgarlos, para a partir de allí poder incidir sobre ellos. De más está destacar que como figuras con los cuales ellos se identifican, los padres debemos buscar la forma de mostrarnos congruentes ante ellos incluso incorporando nuestros errores. Claro, es también la escuela un elemento fundamental de prevención.

P

¿Podrías darnos sugerencias generales de cuál debe ser el proceder para una persona que tenga cerca a alguien con algún problema de salud mental?

R

En primer lugar, me preocupa cómo determinar si alguien tiene o no un padecimiento mental, algunos teóricos consideran que todos los tenemos. Ahora, si nos vamos a la concepción más amplia del concepto, entendido como un desequilibrio, todos en algún momento pasamos por dolencias emocionales y/o mentales. ¿Qué hacer? Buscar ayuda cuando el uso de los recursos se agota. Creo que en la vida cotidiana contamos con prácticas que favorecen ese equilibrio necesario: el ejercicio, el descanso, la meditación, alimentarse bien, tomar tiempo para recrearse entre otros y, fundamental desde mi perspectiva, buscar trabajar en algo que nos apasione y responda a nuestra vocación.

 

P

¿Qué debe hacer o cuál es el primer paso que debe seguir una persona que siente u observa que tiene algún tipo de enfermedad mental? ¿Cuál sería la primera alarma?

R

Creo, en términos generales, que sería el disconfort o la inquietud. También depende del padecimiento. Sin embargo, estar atentos a síntomas no tan obvios es una tarea importante que empieza con el poder estar informados. ¿Qué hacer? Acudir a un especialista.

P

¿Cómo podemos crear resiliencia mental para evitar llegar al punto de padecer una enfermedad mental?

R

La resiliencia, como capacidad adquirida, nace de la posibilidad de experimentar en la primera infancia relaciones amorosas de cercanía que den seguridad a los individuos. Los niños que crecen en casa con padres que cumplen con las funciones paternas fundamentales suelen ser más fuertes, más seguros y más resilentes que los que no. ¿Cuáles son esas funciones paternas? Constancia objetal, entendida como estar constantemente presentes; función reverie, que es la capacidad para metabolizarle a los hijos la realidad y, por último, poner límites. Es sobre todo en esta última en la que veo las mayores fallas en nuestros padres de hoy. Los límites permiten que los niños desarrollen la capacidad para tolerar la frustración. Cabe destacar que en la actualidad los individuos estamos constantemente expuestos a frustraciones, de aquí la capacidad de desarrollar resiliencia entendida como:

  • La capacidad para hacer planes realistas y seguir los pasos necesarios para llevarlos a cabo.
  • Una visión positiva de sí mismo y la confianza en la propia fortaleza y habilidades.
  • Destrezas para la comunicación y la solución de problemas.
  • La capacidad para manejar sentimientos e impulsos fuertes.

Retomo entonces la importancia de la comunicación y la presencia en la vida de nuestros hijos.

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Contactos: ¿a quiénes deben acudir las personas con alguna de estas enfermedades?

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A especialistas del área. Puedes contactarme directamente a través de www.andoconsultores.com o visitando sinethmelinkoff.com.