¿Qué es el consentimiento?

“El sexo supone el consentimiento de dos

si una personas está tumbada sin hacer nada

porque no está preparada

o no está de humor

o simplemente no quiere

y aún así la otra está teniendo sexo

con su cuerpo no es amor

es violación”.

Rupi Kaur

 

El consentimiento es como una fina (pero importante) membrana que sostiene los principios del respeto y la equidad dentro de nuestras relaciones; es parte integral de la comunicación que sustenta nuestros lazos afectivos y, sin embargo, muchas veces olvidamos llamarlo por su nombre, se nos pierde en la cotidianidad y en la rutina aunque, como este poema de Rupi Kaur nos ilustra, esta palabra es todo cuando se trata de nuestra salud sexual y afectiva.

 

Según la Real Academia de la lengua Española, el consentimiento no es más que la “manifestación de voluntad, expresa o tácita, por la cual un sujeto se vincula”. Si sacamos este concepto de lo jurídico y lo llevamos al terreno de nuestras relaciones, podemos verlo como la aceptación voluntaria y, en igualdad de términos, de llevar a cabo una acción entre las personas involucradas.  Es algo tan simple como el acuerdo que haces con tu pareja de ver X serie juntos, o los límites que establecen para hacer de su relación algo sustentable.

 

Entonces, ¿a qué nos referimos con el término “consentimiento sexual”?. La organización Planned Parenthood lo explica de esta manera: “Consentimiento significa estar activamente de acuerdo con realizar actividades de índole sexual con una persona. El consentimiento le indica a la otra persona que deseamos tener relaciones sexuales. La actividad sexual sin consentimiento es una violación o agresión sexual.” En otras palabras, cuando se trata de nuestros lazos sexo-afectivos este es un acuerdo de accionar sobre nuestros “Sí” y respetar nuestros “No”, es consultar para asegurarnos que ambos estamos a gusto con lo que está pasando.

 

Esta organización dedicada a proveer información y atención sobre salud sexual, destaca cinco características básicas que que definen el consentimiento:

  • Se da deliberadamente.
  • Es entusiasta.
  • Es específico.
  • Se brinda estando informado.
  • Es reversible.

 

Esto quiere decir que el consentimiento debe ser dado de forma clara y con gusto. Es una expresión de nuestros deseos: sí es sí, y no...es no.

 

Nadie puede “convencerte” de hacer algo que no quieras, el intento de coaccionarte puede ser una señal de alerta. La aceptación es específica, porque acceder a dar un beso o una caricia no es sinónimo de decir que sí a otras actividades. Y es muy importante recordar que en cualquier momento puedes revertir tu decisión: si algo te hace sentir incómodo, si duele, si deseas parar, tu decisión debe ser respetada. Para que todo esto suceda con claridad ambas partes deben estar informadas y conscientes. Si estas características no están presentes hay un desequilibrio, se rompe la equidad y el respeto al deseo y al cuerpo del otro, entrando al terreno de las agresiones sexuales y la violación.

 

El Centro de prevención y concientización sobre las agresiones sexuales de la Universidad de Michigan explica además que “el consentimiento nunca debe ser asumido”. Esto significa que antes de iniciar o continuar una actividad sexual debemos tener una afirmación clara para ambas partes, y que esta no se puede atribuir a una lectura que se haga de “la apariencia o la comunicación no verbal, una relación pre-existente, el matrimonio, consentir a alguna acción previa, el silencio, la pasividad, la falta de resistencia, inmovilidad o incapacidad de responder”.

 

¿Esto significa que cada encuentro sexual debe comenzar con una conversación solemne sobre qué haremos? No, el consentimiento es una parte del mismo encuentro con toda su espontaneidad y sensualidad. Si “lo cortés no quita lo valiente”, entonces lo “consentido no quita lo erótico”. Consentir es abrir una ventana a la comunicación que nos permite también asegurarnos de que la relación sexual es satisfactoria para ambos:  ¿quieres? ¿Te gusta así? ¿Podemos cambiar de posición? Todo es válido si ambos están de acuerdo.

 

Quizás la educación sexual debió comenzar por enseñarnos que solo nosotros podemos decidir lo que queremos experimentar con nuestros cuerpos, y que nuestros deseos deben ser respetados. Cada quien tiene la última palabra sobre lo que sucede con su cuerpo, nadie puede o debe empujarte a hacer algo que no desees, tienes el derecho y la capacidad de exigir que se respeten tus límites y quien los traspase está incurriendo en una agresión.

 

Empecemos a tomar acciones por el disfrute y, también, por el bienestar físico y emocional de nosotros y del otro. Es lo más respetuoso y placentero que podemos hacer.

 

Colaboradora: María Añez. Directora de contenido de www.miastral.com